Fundación Alfredo Gogna 

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Aprender a ver. Reportaje a Alfredo Gogna

 

Por Mariana Fioramonti

Bs. As. Agosto de 1992

 

-¿Cuándo llegaste, en el año 53 a Santiago, como te fuiste insertando en este medio, qué pasaba entonces aquí?
Yo primero me fui a Tucumán, estaban sucediendo cosas muy importantes. En la Universidad estaba Sacristi, ese historiador que hizo el relevo de todas las catedrales del mundo y Giulio Carlo Argán que editó el libro sobre el Barroco. Spilimbergo no estaba más, por zurdo, y vivía en una estación de tren en Las Termas, ahí lo conocí. Esa represión produjo la dispersión de sus alumnos por el Norte, como Juanes, Ramiro Dávalos, Páez, Ferrari que siguieron trabajando en diferentes provincias. La idea era crear en Tucumán, con Spilimbergo, una Escuela de Muralistas y se trabajó mucho para esto. Cuando Perón se enteró que lo habían echado, se agarró la cabeza, dijo que “estaban locos”. No hubo forma de convencerlo, le ofrecieron de todo a cambio, aunque más no fuera que siguiera apareciendo su nombre en la Universidad y Spilimbergo que era un tipazo los mandó, te podes imaginar, a freír churros.
En Santiago no pasaba nada de esto. Gómez Cornet, cansado de esperar que abrieran la escuela, puso un taller privado en el que enseñó junto a Carlos Alonso y Basilio Celestino allá en la calle Libertad. Por manejos políticos la escuela no se abrió nunca. Don Ramón era la persona indicada para dirigirla.

-¿Y cuál fue la situación que a vos te atrajo, qué desafío representaba un lugar así para vos?
Ante todo me impacta la compenetración entre hombre y paisaje. Era claro el enfrentamiento entre una cultura tradicional en decadencia, aquellos pintores que seguían con el tema del “ranchito” (como decía Berni, que pintaban “pobres para ricos”) y otra cultura, la de los artesanos, la finura del color, la metamorfosis de la imagen, y esto me abre otro panorama. Me interesó sobre todo el hecho cultural que podía derivar de estas tradiciones, lo que podía llegar a desarrollarse. Con el Negro Ponce pusimos un taller en la Biblioteca Sarmiento, Diego Rivera se llamaba. En Santiago en ese momento la música y la literatura sí eran importantes, tipos como Orestes di Lullo, Mariano Paz, Canal Feijoo, pero en la plástica no había debate, había que empezar de cero.
Sin embargo, Santiago fue un lugar de paso, en casa estuvieron Miguel Ángel Asturias, Nicolás Guillén, Witold Gombrowicz. En el año 59 la Academia de Bellas Artes se abrió y desde Buenos Aires viene el nombramiento de Carlos Incarnato (que era el único recibido en la “de la Cárcova”) como Vicerrector y yo como profesor. Había tres o cuatro pintores actuando pero ninguno tenía una formación a nivel académico. Hay cosas muy anecdóticas, sobre la polémica que desató lo que enseñábamos: Schettini, ayudante de Incarnato renunció a la semana, diciendo que estábamos locos. Yo traía los lenguajes de la vanguardia: el cubismo, el expresionismo. En ese aspecto fue más fácil imponer un lenguaje nuevo.

-¿En qué aspecto de la enseñanza pusiste énfasis, que tipo de maestro eras?
Yo no debo haber sido un gran profesor en cuanto a transmisión de conceptos, me defino más bien como un dador de estímulos, un brujo, un iniciador. Trataba de ordenar a mis alumnos como sacerdotes para que transitaran luego su propio camino. En la enseñanza del arte más que eso no se puede hacer. Siempre les preguntaba: ¿vos estás resignado? Mi enseñanza fue transgresora en ese sentido, debía trasmitir intranquilidad y no resignación.

-¿En Santiago, la enseñanza que se imparte en los establecimientos de arte, apunta a lo que vos dijiste?
A nivel oficial para nada. Se tiene como objetivo formar “profesores” cuando el verdadero reto es formar artistas. Ese es el verdadero desafío pedagógico. El tránsito por una escuela de arte debe darle al alumno elementos para aprender a “ver”. La única forma de hacer esto es desde la historia de cómo se vio, de cómo se forjaron nuestros lenguajes. El artista no puede ser más un paria, debe entroncarse en el proceso histórico.

-Lo que decís me recuerda a la frase de una famosa bailarina, Mary Wigman, ella decía: “El problema no es ser original sino pasar por el origen de uno mismo”.
Es que del origen se trata. Del origen de UNO, pero en esta sociedad todo está armado para que esto no suceda. Uno siempre es un tabú. La enseñanza debe buscar movilizar lo más personal.
En mis clases siempre les decía a mis alumnos que la pintura no sirve para hacer una “carrera”. En todas partes existe la idea de hacer dinero, lograr una posición para luego dedicarse al arte como un ocio. No, ¡eso nunca! El arte es un trabajo constante, como cualquier otro, es una forma de vida. Así como existe el hombre albañil, el hombre carpintero, existe el hombre pintor. No existe el hombre que en sus “ratos especiales”, pinta, baila, trabaja.

-Para aquellos que no tienen el hábito de concurrir a muestras, incluso para algunos que lo hacen con cierta regularidad, los códigos que se manejan en la pintura y en la escultura resultan inaccesible a la comprensión. ¿Qué parte de responsabilidad tenemos cada uno de nosotros en este hecho?
Se trata de un problema sociológico, político. La cultura se dividió progresivamente en cultura de elite y cultura popular, el acceso a aquella estuvo siempre determinado por posibilidades materiales, y aquí viene el tema de los accesos. Acceder al desciframiento de una pintura no es un problema del artista, el arte expresa un anhelo de reivindicación para toda esa gente que no puede gozar de él.
Es un problema de educación, por supuesto, producto de una ideología. Con todo lo que está pasando con los docentes en nuestro país la cantidad de gente que pueda gozar de una lectura simple va a ser mínima.

-Quería hacerme portavoz de lo que suelo escuchar en las muestras o Museos: “no entiendo nada” o “y esto que quiere decir”. ¿Qué es lo que la abstracción está diciendo, desde que lugar ve las cosas?
Hace unos años atrás Norman Briski, el actor, fue a las villas de Buenos Aires a hacer teatro. Quería representar cosas que la gente entendiera, la propuesta era dramatizar los problemas que tenían los villeros. Uno de los que vivía ahí le dijo después de una función: “pero, qué nos vienen a contar las cosas que ya sabemos, nosotros queremos que representen el teatro que nosotros no podemos pagar”.
Aquí juega un mal entendido: hacer algo para que la gente entienda. La fotografía le dio a la pintura su verdadero lugar; la creación de nuevas posibilidades y no el mero reportaje o copia de la realidad. Ese mal entendido arranca de creer en la esencia de las cosas, algo inmutable, ahistórico. Un alfarero de nuestra cultura sabía muy bien que una cosa era la flor que veía y otra era su representación. Si uno quiere hablar de figuración o abstracción en el Arte Precolombino va muerto, esta diferencia no existía. ¿Y esto por qué?, porque no hay una sola imagen, “la imagen verdadera”. Cada individuo tiene sus imágenes. Esto lo entendió el Arte Moderno con la valorización de otras culturas. El hombre busca la verdad, pero no la tiene, en esto no hay absolutismo. La única verdad del hombre es la de “convivir”, la de vivir en armonía con la gente de su especie. Y esta armonía hay que conquistarla.

-Es conocida la frase que dice que "La neblina no existía en Inglaterra hasta que Whistler la pintó”, lo mismo podríamos decir de los colores que nuestras artesanas inventaron para sus colchas en un medio donde esos colores no están.
¡Claro!. La anécdota de Canal Feijoo que se va a un rancho perdido en el monte y una viejita le dice “venga doctor que le voy a mostrar mi jardín” y le mostró la manta que estaba tejiendo. Desde las pinturas en las cuevas, todo el desarrollo del arte habla en sus diferentes lenguajes desde la misma necesidad biológica, de ese sentimiento primigenio de rodearnos de imágenes, pinturas. Para el hombre siempre fue necesario construir un habitat a su medida. El espacio no existe como una entidad separada de nuestro razonamiento y experiencia, es el resultado de una construcción. Vos que bailás, sabes de esto.

-El primer compañero de un bailarín es el espacio, eso siempre se lo diga a mis alumnas. Todo el entorno está pautado, en los colegios, en hospitales, los saludos, la danza clásica es un ejemplo muy claro en donde todo el cuerpo tiene un código rígido, antinatural de posiciones por eso después la danza moderna revalorizó el gesto cotidiano y movimientos que habían permanecido dentro de lo que no era “lo estético”.
¿Hasta qué punto un artista sabe lo que va a hacer en la tela? Yo, nunca lo sé, pienso que los pintores pintan porque no tienen imaginación. Para mí pintar es imaginar. Somos los tipos más concretos que hay.

-Desde el psicoanálisis se ha intentado explicar los mecanismos de la creación y la “intención” ha sido puesta entre paréntesis por la irrupción del inconsciente.
Este es un tema muy interesante. El psicoanálisis enriqueció el panorama del arte en cuanto a las “motivaciones” múltiples que puede llegar a tener una persona, pero de ahí a desentrañar los mecanismos de creación, no. Hay una idea muy difundida que si “llegáramos a una sociedad perfecta no necesitaríamos de los artistas”. Se pretende que el arte sea expresión de una falencia cuando yo creo todo lo contrario, creo que es la manifestación de una plenitud. El arte no es una terapia que se hace para vislumbrar los mecanismos de tu propia personalidad. Vos, cuando bailas, no lo haces para destrabar un trauma, sino que es un momento de felicidad, y en esto estoy de acuerdo a muerte con Marx, “el arte es la alegría más grande que el hombre se pueda dar”.


-El psicoanálisis surgió en un momento en que los medios de comunicación comienzan a ser masivos, es como si actuara como un mecanismo compensatorio del mismo sistema que se desarrolla a otro nivel…
Lo bueno de Freud fue tomar al hombre como una totalidad, una unidad indisoluble en su nivel consciente e inconsciente. Pero el psicoanálisis también tiende su trampa. Es un tranquilizante, que permite la resignación ante los hechos pero sin desvalorizarte. Como tantos otros sistemas cayó también preso del cristianismo, ahora ya no se habla de pecado original sino de culpas. Te da una justificación a nivel casero, tuyo. Hay que entender algo: uno viene ya con ciertos condicionamientos pero ¡caramba!, en algún momento de tu vida te tenés que hacer cargo de vos mismo. La subjetividad se conquista por las vivencias que tenés al actuar. Una persona que ha actuado y que tiene una subjetividad real no necesita analizarse. No hay que olvidarse que en el momento que aparece Freud también aparece Marx y Nietzsche, con otros planteos.

-Todo el mundo se preocupa hoy por los problemas ecológicos, el medio ambiente contaminado, la matanza irracional de ciertos animales. Félix Guattari dijo algo muy importante que hay algo peor que está sucediendo: “que estaba desapareciendo la cultura, la educación, las relaciones interpersonales”.
Bueno, en la Eco‘92 Fidel dijo “!ojo muchachos que la especie que se está extinguiendo, y la más importante es la del hombre y todo lo que implica por supuesto!”.
La autovaloración depende de los demás y cuando el hombre se olvida de su hermano bicho, hombre ahí ya se empieza a perder todo.

-Hay toda una confusión alimentada por este tema de la postmodernidad. Hace unos años un congreso que patrocinó Jorge Glusberg se llamó “Arte y tecnocultura en el final de la postmodernidad”, un crítico riéndose de semejante título absurdo lo rebautizó como “Arte y tecnopost en el final de la cultura”.
Hoy hay una confusión tremenda. Esta farsa de lo postmoderno que habla como si el hombre se hubiera cansado de ser hombre, como si todo ya estuviera hecho. Entonces lo que queda por hacer es jugar con los tesoros que heredamos de la abuela. Lo grave de nuestra civilización es que los deshechos ya nos están tapando, convivimos con nuestra propia arqueología que en su mayor parte es basura.

-Desde el nacimiento de la modernidad podríamos decir que hubo un proceso inversamente proporcional, entre lo que se almacena (la herencia) y lo que se debe seguir haciendo. El pasado tiene un peso tremendo, se lo ve en los museos, se sale por supuesto con una experiencia maravillosa, pero con la sensación de que todo ya está hecho. Uno se siente un inútil. Quizás tendrían que dejar más espacios en blanco en los museos, en las bibliotecas, ¿no?
La ideología te da lo que ya pasó y el ayer está vacío de contenido vivencial. Así te volvés un nostálgico añorando las tinajitas que hicieron tus antepasados. La cosa es que hay que seguir haciendo tinajas y que a ellas no se las puede reemplazar por vasos de plástico.
Vivimos un momento en el que la tecnología desarrolla aparatos en los que predomina el movimiento como valor fundamental. Pensá en los video-clips o en una película común que maneja unas ochocientas tomas y comparala con la película “El sacrificio” de Tarcovsky, que cuenta solo con sesenta, muchos dijeron que era insoportablemente lenta.

 

-Dentro de este panorama, ¿Qué perspectiva tiene la pintura?
La pintura está librando una batalla a muerte. Sabemos que mayor información no es mayor cultura. Lo cultural es lo interiorizado verdaderamente, lo que marca un criterio para una convivencia mejor. La no duración, la fugacidad se ha establecido como valor en estos tiempos.
Nuestros cánones de belleza hoy no están hechos para nadie. Hoy los pintores se enfrentan al mercado, a las multinacionales, nuestra sociedad tiene un estómago tan pantagruélico que todo lo absorbe. Esto pasa por supuesto en una ciudad como Buenos Aires, lo podes ver en las exposiciones, en los teatros, algunos mantienen un nivel, los pocos, pero la mayoría ha perdido el criterio. Uno tiene individualizado a quien tiene que transgredir. Hace algunos años vos hacías algo de vanguardia y tenías que luchar con la academia, había parámetros. Hoy se actúa como si no existieran, “como si no existieran”.

-Con respecto a las obras de arte, ¿qué es lo que irremediablemente se pierde con el paso del tiempo?

Yo creo que cada obra es una experiencia personal que se transforma en un “valor de la humanidad”. Pero cada medio siglo se va perdiendo la contemporaneidad de esa obra. Es como la artesanía: si algo se rompe hay que reponerlo, hay que seguir haciendo. Lo terrible es que el mundo se convierta en un museo de antigüedades donde ya no queda lugar para los que venimos. Este es un tema que hay que plantearlo desde la educación, el que enseña cree saber demasiado y trasmite un tesoro pasado, esto no lo digo para desvalorizar a los maestros en absoluto, creo que hacen en este país un gran sacrificio en las condiciones en las que desarrollan su trabajo. Lo que quiero decir es que desde niños ya nos tratan de convencer que el pasado es demasiado importante y nos transmiten cosas vacías de contenido, desligadas de los móviles y afectos que lo originaron.

-Solo después de la década del 40, los historiadores se dieron cuenta que la verdadera historia no había sido escrita. Con lo que contábamos hasta entonces eran las opiniones de los que habían tenido acceso a la escritura, que siempre fue un privilegio, ¿Qué papel desempeña la pintura en esta búsqueda?
Neruda tiene un poema a Machu Pichu, ahí se pregunta: “¿y el hombre donde estuvo?”, y el hombre común no estuvo nunca. Estuvo el Emperador, el Rey, pero el que construyó poniendo el lomo como se dice, ese no estuvo jamás.
La pintura juega un papel de primera línea no sólo en la nueva perspectiva de la historia. El arte en general le permite al hombre hacerse dueño del momento histórico que le toca vivir.
Nosotros que somos seres tiernos sabemos que el arte puede más que un discurso. El arte quizás sea la caricia más importante, que el hombre ha necesitado desde siempre.

 

 
 

Fundación Alfredo Gogna

 

Varios aspectos de la vida de Alfredo Gogna tornan imprescindible la existencia de una fundación a su nombre, y no sólo se trata de la conservación de su obra, sino también en la defensa de las enseñanzas dejadas a través de su personalidad, que ha transmitido a quienes lo conocieron, el amor por la dignidad, el apego a la lectura, al arte, etc.; a través de su tarea docente, ya sea directamente de la Academia Nacional de Bellas Artes del Norte "Juan Yapari" de la cual es uno de sus fundadores y desde la que tuvo una fundamental influencia en los artistas plásticos actuales de la provincia, o indirectamente, por medio de su obra, transformando el arte de Santiago del Estero, modernizándolo, colocándolo en paralelo de las corrientes artísticas nacionales, transformándose así en una figura clave del desarrollo del arte actual de la provincia.

A través de su talento artístico, reconocido a nivel nacional e internacional, ha dejado en sus obras, un legado de valor incalculable, la cual debe ser difundida, a través de la Fundación, por medio de exposiciones, libros, folletos, charlas, debates, etc.
Al realizar este trabajo, la Fundación no solo cumplirá con la difusión de la obra de Alfredo Gogna, sino también de su modo de ver el arte y la vida, generando, de este modo, una tarea cultural de envergadura y permanente.

 

 

 Biografía

 

Alfredo Gogna

 

1930_ Nace en Tandil, provincia de Buenos Aires.

1943_ Se instala en Bs. As. Inicia sus estudios de Dibujo y Pintura en el Instituto Bernasconi, con Ester F. de Feldman.

 

 Actividades

 

Exposición en Galería Espacio Arroyo 2011

 

Exposición en Galería Espacio Arroyo 2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gundación Alfredo Gogna
 

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Santiago del Estero, 4200

 

(+54) (0385)434-0166
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